Infidelidad: capítulo 3

Es interesante leer con empatía los blogs de personas infieles. Cómo lo hacen, cómo lo viven, qué sienten, por qué lo hacen, las dificultades con las que se encuentran, las ventajas, los inconvenientes... Cuando alguien habla de esto habla al mismo tiempo de pareja, de sexualidad y de erotismo, las tres temáticas que dan nombre a este blog.

Navegando por los blogs que tiene Amanda, he descubierto una página realmente interesante: Voyeur. De su blog os extraigo parte de un post que, por lo menos, merece el adjetivo de curioso:

La primera vez que fui el objeto de la infidelidad de un hombre fue al poco de separarme. No, no voy a contar cómo fue mi primera relación con un hombre casado. Él ni siquiera vivía en pareja. Pero tenía novia. La novia más inteligente que he conocido jamás. O, en general, la mujer más inteligente que he conocido jamás. Era una mujer enamorada, inteligentemente enamorada.

A él le conocí por un tema profesional. Nos enamoramos, nos liamos, y seguimos estándolo durante un año más. Él creyó que la mejor manera de evitar sospechas o problemas con su novia era la de hablarle constantemente de mí. Si su intención era que su novia no se alarmara cada noche que salía conmigo a solas, no lo consiguió.

Pero ella, ya lo he dicho, estaba inteligentemente enamorada. Así que le dejaba hacer. No le montó jamás una escena de celos, nunca le preguntó más de lo que él quisiera contarle.

Pero yo no fui inteligente. Y un día no pude más. Íbamos a pasar juntos un fin de semana en Roma, coincidiendo con su traslado a otro hospital. Yo iba un día antes, tengo familia por allí y quería pasar al menos una noche con ellos. Estando a punto de salir hacia el aeropuerto para encontrarme con él, me dijo que no venía. Su novia se había roto un brazo en un accidente laboral y se quedaba junto a ella. Entonces cometí mi primer y último error de amante. Le dije: “Si no vienes, daré por terminada esta relación. Ya va siendo hora de que le digas a ella que me quieres a mí.”
- Yo te quiero -contestó-, pero la quiero a ella también. Y no pienso elegir. Si tú me haces elegir, la elegiré a ella, porque ella nunca me obligaría a hacerlo.

Se casaron, tuvieron un hijo. Sé que les va bien. Y sé que ella nunca me odió, porque al hacer aquella demanda, al pedirle a él que eligiera, forcé, en cierta forma, que él tuviera más claro que nunca cual era la mujer de su vida.

Yo nunca hablo de “las novias” en mis ataques prepotentes ensalzando las cualidades de las amantes. Me molesta especialmente cuántas de ellas se ofenden o sienten atacadas. Yo hablo siempre de esposas y matrimonios rutinarios y ajados en el tiempo. De las novias nunca digo nada.

http://www.cvoyeur.com/blog/

Infidelidad (2): Números

[Continuación del post Infidelidad: capítulo 1]

Dicen por ahí que la infidelidad es igual a mentira y traición, q los infieles son egoístas y dependientes, q la infidelidad es un acto de cobardía y deslealtad y q cuestionar la exclusividad erótico-sexual es "pura demagogia". ¡Casi ná!

Aporto unos cuantos datos, datos OBJETIVOS:
- Un estudio de Sexolé revela que el 47% de los españoles emparejados son infieles.
- El estudio "Journal of Couple and Relationship Therapy" asegura que el 50% de las mujeres casadas son infieles. En cambio, para la importante sexóloga estadounidense Susan Barash, el % de las mujeres casadas infieles asciende hasta el 60%.
- Según el estudio "Comportamiento Sexual en Chile", realizado por dos prestigiosos sexólogos chilenos, el 72% de los hombres han sido infieles alguna vez, y en el caso de las mujeres la cifra es del 52%. La página donde lo explican tiene miga... (pincha aquí)

Si a ese 50%-70% de personas infieles le sumamos los que no lo han sido todavía pero lo serán algún día, y los que no lo han sido ni lo serán sólo porque no tendrán la oportunidad... ¿cuántos fieles íntegros quedan?

Joder, para lo terrible q parece ser la infidelidad los datos son, por lo menos, sorprendentes. ¿Y el altísimo porcentaje de personas egoístas-dependientes-cobardes? Si es que el mundo está lleno de gente mala...

Para acabar, un enlace que tampoco tiene desperdicio...

Infidelidad: capítulo 1

El último post de Amanda me ha animado a iniciar uno de los temas estrella: la fidelidad. Aunque en su momento ya hablé de cuales eran las "instrucciones de uso" de la infidelidad, no he profundizado todavía en un tema tan complejo y sin duda extenso. Como no me gusta escribir posts demasiado extensos, vamos a empezar con algunos planteamientos para el debate.

Hay parejas que deciden ser monógamas y acuerdan la exclusividad erótico-sexual, considerándola un valor para su relación de pareja y asumiendo dicho acuerdo por ambas partes. Otras parejas no consideran la exclusividad erótica un valor en su relación, y su acuerdo es respetar la intimidad del otro y no inmiscuirse en el libre uso y disfrute de su sexualidad y erotismo. La mayoría de las relaciones de pareja pertenecen al grupo de los monógamos, por lo menos en teoría, pero en cambio mucho más de la mitad de las personas que ahora mismo tienen pareja han sido infieles en alguna ocasión. Y de los que todavía no lo han sido, habría que contabilizar cuantos no lo han sido porque no han tenido la oportunidad, cuantos no lo han sido pero lo serán, etc.

El ser humano, como ya comenté en mi anterior post, no está genéticamente preparado para ser monógamo. Nadie puede discutir que por cuestiones de evolución y desarrollo natural, estamos biológicamente preparados para "esparcir" nuestros genes, cuanto más mejor. Por lo que es más que evidente y científicamente indiscutible que la exclusividad erótico-sexual es un constructo social. Somos muy críticos con ciertos constructos, como puede ser el de la virginidad hasta el matrimonio, pero no tanto con otros que nos despiertan fantasmas...

Si el sentir deseo y obtener y proporcionar placer es algo tan agradable, satisfactorio, beneficioso, bonito y cultivable; ¿por qué sólo en el seno de la pareja?

Si tanto quiero a mi pareja; ¿por qué no quiero que se sienta completamente libre y haga realidad los deseos eróticos que sienta?

Si no llevo a cabo ese deseo por no ser infiel a mi pareja; ¿no estoy siendo infiel conmigo mism@? ¿No estoy faltando el respeto a mis deseos más profundos y sinceros? ¿No me estoy dañando a mí mism@ al no realizar lo que realmente deseo?

Si no serías capaz de superar el saber que tu pareja te ha sido infiel, ¿por qué se lo preguntas? ¿Por qué haces todo lo posible por enterarte? ¿Por qué vulneras su intimidad? ¿Por qué prefieres "saber la verdad aunque te duela"?

Si consideras que tu cuerpo y tu sexualidad te pertenecen y que nunca tienes que hacer lo que tu pareja quiere si tú realmente no lo deseas, ¿por qué si tienes que dejar de hacer lo que realmente deseas sólo porque tu pareja no quiere que lo hagas?

¿Por qué no puedes exigir a tu pareja que no se vaya de marcha con sus amigas, que no se vaya de cena con los de clase/trabajo, e incluso que no se masturbe; y sí puedes exigirle que no se acueste con otros? ¿No pertenece también a su intimidad?

Si tu pareja puede hacer con su móvil o su coche lo que quiera porque es suyo, ¿porque no puede hacer lo que quiera con su cuerpo? ¿No es suyo también?

Ahí queda eso...

¿Quién dijo que era fácil?

Una prestigiosa profesora de psicología del desarrollo nos dijo en una clase universitaria que los seres humanos estamos genéticamente programados para ser "consecutivamente monógamos". Vamos, que si nos guiásemos sólamente por los genes, nos emparejaríamos con absoluta exclusividad durante un tiempo limitado (según los estudios científicos durante uno o dos años), cambiando de pareja una vez transcurrido ese tiempo. Y así sucesivamente; cada uno o dos años... ¡cambio de pareja!

Un prestigioso escritor y terapeuta de pareja explicaba en una de sus obras que aunque la mayor parte de la población se empeñe en emparejarse con personas de distinto sexo al suyo, los hombres y las mujeres somos incompatibles en la mayor parte de los aspectos. Hacía referencia a la dificultad de comprensión y entendimiento entre dos personas de distinto sexo debido a las enormes diferencias de personalidad, ideológicas, conductuales, perceptivas, comunicativas, relacionales, afectivas... Vamos, que decía algo así como que empujados por los sentimientos amorosos iniciales y por la atracción erótica general, acabamos viviendo y compartiendo todo con una persona completamente incompatible con nosotros: alguien del sexo contrario.

A esto hay que sumarle las actuales cifras de infidelidad, en donde diferentes estudios científicos aseguran que más del 70% de los hombres son infieles, y que el porcentaje de las mujeres supera el 50%.

Por lo menos curioso, ¿no?

Vaya representantes...

Ayer desde el parlamento español pudimos observar el error relacional y de convivencia que en numerosas ocasiones cometemos en nuestra vida diaria. El presidente Zapatero, parece ser que haciendo un verdadero esfuerzo, inició el debate parlamentario con un tono y una actitud bastante reconciliadora, humilde, reconociendo errores y muy poco agresivo. Considero un verdadero esfuerzo porque no es habitual ver esta forma de comunicación entre los políticos, agresores verbales por excelencia. Entonces apareció Rajoy. Parece ser que con el único objetivo de herir "de muerte" a su adversario político, tomó una actitud agresiva, destructiva, ofensiva y extremadamente prepotente. Parece que para los políticos esto es contagioso, y Zapatero acabó a la altura de Rajoy, a la del betún vamos... Y ya cuando utilizan términos como "todos los españoles quieren" o "todos los ciudadanos le pedimos"... es que me entran ganas de vomitar. Pídele tú lo que quieras hombre, pero no pongas en mi boca lo que tú quieres pedirle...

La prensa, que como en esto de las "buenas relaciones" ayuda un montón, se dedica a informar de quién de los dos "ha ganado" y quién "ha golpeado con más fuerza", como si de un simple combate de boxeo se tratase. Bien por la prensa...

Pues bien, la actitud de los políticos en general me parece despreciable. Espero que la ciudadanía en general no tome como referencia las formas de comunicación y relación de los políticos, ya que acabaríamos todos a tortazos. Espero que seáis conscientes que las actitudes agresivas y destructivas (demasiado habituales en los políticos) son sin duda muy poco convenientes para cultivar las buenas relaciones sociales. ¿Alguna vez alguien ha visto un político con empatía? ¿Alguien ha oído alguna vez un discurso político asertivo?

Señores políticos, el objetivo principal de vuestro trabajo nunca debería ser ganar las elecciones, ni mejorar los resultados obtenidos hace 4 años, ni desgastar al adversario político... ¿Recordáis que sois los representantes de todos los ciudadanos? Y luego nos vienen diciendo que lo que quieren es trabajar por los españoles, que su objetivo es servir al pueblo... Venga Mariano, que mentir está muy mal...

Mentiras valiosas

[Continuación del post Miente Pinocho, ¡miente!]

No quiero empezar este post sin antes pedir disculpas por el largo tiempo que llevo sin escribir. Prometo que me voy a poner las pilas; tengo un montón de temas de los que quiero hablar. Y ahora, centrémonos en el tema.

Entonces, ¿la mentira es un contravalor? ¿Algo no deseable? ¿La sinceridad siempre es buena? ¿Viva el sincericidio? Yo personalmente no lo veo así. Estamos en una sociedad en donde los valores y las conductas correctas son "absolutas", vamos, o son buenas o son malas. Esto lo considero un grave error, ya que la valoración establecida no tiene en cuenta las circunstancias especiales y particulares de cada situación.

Con el riesgo de volver a caer en lo políticamente incorrecto, yo personalmente creo que el mentir debería considerarse una habilidad, una herramienta, un recurso. Pienso que es interesante y beneficioso desarrollar las diferentes habilidades que nos puedan ser útiles, y el mentir me parece una de ellas. Por norma general es preferible decir la verdad, pero habrá situaciones (como las que expuse en mi anterior post) en las que el mentir sea lo conveniente.

No creo que mentir sea lo malo, creo que lo malo es mentir en ciertas situaciones. Debemos valorar y pensar profundamente las consecuencias de cada una de las posibilidades de actuación que tenemos, y tomar la que consideremos más correcta. Para mí, el mentir para evitar hacer daño es algo muy respetable y honesto. Si valorásemos y reflexionásemos más sobre las intenciones de las personas y no tanto sobre sus actuaciones, entenderíamos mucho mejor al resto de la gente, y desarrollaríamos una habilidad tan importante y necesaria como es la empatía.