La abuela de Amanda

Curioseando por la red, vuelvo a caer en el blog de Voyeur, y vuelve a fascinarme otro post de Amanda. El post me recuerda al de ¿Me caso enamorado? que escribí hace tiempo, pero Amanda además profundiza en otros aspectos. A continuación pego parte de su post:

Mi abuela sigue, muy a su pesar, viva a los 92 años. Digo “muy a su pesar” porque ella era la mujer más digna que he conocido jamás.

El día en que me casé, me llevó a un rincón apartado y me dio un sobre con dinero, Después me dijo:
–Cometes un error, pero al menos pégate un viaje de novios que provoque la envidia de todos.
–¿Por qué me dices que cometo un error? ¿Ni siquiera el día de mi boda puedes ser un poco cursi y decir cosas como “que seáis muy felices”?
–Es que estás enamorada, nena, y casarte enamorada va a llevarte directamente al divorcio.

Me costó años entender aquella frase y muchas otras made-in mi abuela, pero la jodida tiene (o tenía) más razón que un santo. Y es que el matrimonio nunca fue ideado ni creado sustentado en las emociones, sino en la racionalidad.

Durante siglos, hombres y mujeres se han casado como mero objetivo lucrativo. En la pareja, el objetivo tenía objetivos secundarios del tipo “descendencia” o “territorialidad”. El amor no tenía nada que ver con aquello, hasta que hace unos años, no tantos, empezó a liarla.

Y es que la pasión mata la pareja, tal cual lo digo, tal cual lo pienso. Porque la pasión conlleva la decepción, los celos, la posesión, la inquietud, la inseguridad y un largo bla bla de emociones negativas y destructivas para la pareja.

Si nos casáramos con un buen amigo, con quien nos lleváramos especialmente bien, para tener niños, ir al cine los domingos, y acudir a todas las bodas, bautizos y comuniones en que fuéramos invitados, pero hacia quien no sintiéramos ningún tipo de amor (y fuéramos correspondidos de igual manera), nos iba a importar un bledo que volviese a las cinco de la mañana todo mamao, o se follara a la vecinita del quinto.

Del mismo modo, a él se la sudaría que nos arreglásemos para salir a ligotear los viernes por la noche con nuestras amigas, chateásemos de madrugada o confesáramos estar enamoradas del último becario que ha entrado en el hospital. Seríamos la pareja perfecta. Dividiríamos los costes y multiplicaríamos los beneficios. Consensuaríamos la educación de los niños, y nos daría igual tener o no orgasmos con él. Eso sí, buen entendimiento, objetivos comunes, respeto total, y ni un solo día de “¿Por qué cojones está echando barriga?” o “¿Es este el hombre con quien me casé enamorada?”

La figura del amante ha sido durante cientos de años, una realidad necesaria para el entendimiento de la pareja, para el matrimonio: el amor se vivía fuera de casa y dentro se vivía lo que se tenía que vivir. Los que se enamoraron acabaron retándose en duelo con los amantes y muertos o asesinando. Los que no, vivieron matrimonios para toda la vida, disfrutando igualmente del amor, sin las inconveniencias de la monotonía y la rutina y sobre todo, sin la tontería esa de las expectativas que nunca se cumplieron.

Pero como ahora nos ha dado por quererlo todo, vamos dando bandazos de lado a lado de nuestras emociones y jodiéndonos la salud mental. Queremos trabajar, tener hijos, amar, ser amigos, tener un sexo fabuloso, ser libres, estar acompañados, comprar muchas cosas, tener tiempo libre, hacer deporte, estar buenísimos, ser comprendidos, ser envidiados, ostentar, discutir, ser felices… y todo esto en un el marco del matrimonio. Pero claro, no queremos que nos pongan los cuernos, no queremos que nos digan lo que tenemos que hacer, no queremos aburrirnos, no queremos ser infelices, no queremos sufrir, ni decepcionarnos, ni perder de vista las mariposillas del estómago al cabo de unos años.

Mi abuela fue perfectamente feliz. Se casó con un hombre bien, hizo lo que le dio la gana toda su vida, cogió un par de chachas para que le limpiaran la casa y se lo pasó bomba con mi abuelo que era un cachondo. Y se enamoró de tres o cuatro hombres a lo largo de su vida, sin que aquello supusiera problema alguno en su pareja. Con él tuvo hijos, y tuvo estabilidad, y tuvo prestancia y dignidad. Y con sus amantes tuvo amor.

12 comentarios:

Yaz dijo...

YO estoy màs que de acuerdo con esa postura, una pareja el padre de tus hijos alguien con quien te puedas aplastar a ver peliculas y quien te ayude a cuidar del bebe por la noche, una mano que acariciar y a quien quererle tambien, y si hay alguien màs cual es el puto problema! caray si simplemente no se trata de competencias, el otro es un amigo ocasional que te saca de la rutina, tan encantador como eso!!
te devuelve a casa rozagante y naa! que todo para todos!

chaouen dijo...

No, si el primer día que leí a Amanda lo pensé. Es la puta ama!Absolutamente de acuerdo con ella y con su abuela EN TODO!!
Tengo una curiosidad por saber que tal le fué en su cita con Luis...

Ayer mismo estaba viendo la tele con mi mari en el sofa y alguien, en algún programa (no recuerdo bien en cual) dijo: -estar enamorado es un sufrimiento! y salta éste: -tiene toda la razón! estar enamorado es una putada!
y yo: -y eso?
(momento celos absurdos)... y éste de donde saca eso? será que está o ha estado enamorado de otra? que comentario tan raro viniendo de él...
y si lo ha estado/está, qué?
Es un buen marido, un padre genial, un buen amigo. Me quiere (y yo a él), me transmite paz...
Después de 16 años de matrimonio y de alguna que otra crisis, me quedo contigo corazón. A ver si llegamos juntos hasta la edad de la abuela de Amanda...

kasandra dijo...

Te he dejado un audio también ahora bajo tu comentario allí.

No supe encuadrar tu espacio más que en tendencias actuales... es que por fin lo logré.

Espero que te apeteciera más ahí.

Bueno un saludo :)

Tina Marie ex puta dijo...

muy interesante tu blog.
Gracias por tu visita al mío.
Saludos.

Eva dijo...

me gusta tu blog, muy interesante,
te agradezco el link...
seguire leyendote,
este post de Amanda a mi me intereso mucho en su oportunidad y hasta la consulte por lo mismo...
es un muy interesante punto de vista...
un beso

qïp dijo...

Brutalmente hermoso y honesto lo que rescatas de Amanda, pero como todo en la vida, tiene excepciones y matices. En cualquier caso, me ha gustado mucho e iré a la fuente.

De paso miraré tu blog, que parece interesante. No te extrañes si empiezas a ver comentarios en posts antiguos.

Un abrazo.

Alina dijo...

Es triste, pero quizas a todos no iría mejor si vivieramos como la abuela de amanda.

Me gustó tu blog. Volveré.
Besitos

Dani de Vicente dijo...

Yo la verdad no sé si me casaré, aunque espero que sí. Al menos espero follar, por el amor de dios :)

Un abrazo, Dani.

Bwilder dijo...

Alina, todo el mundo viviria mejor si fueramos sinceros con nosotros mismos y con los demas.

El planteamiento de Amanda es perfecto,pero encontrar hoy en dia una pareja que sea tan "racional" es complicado.

jimena dijo...

genial, sencillamente genial..!

Anónimo dijo...

Y a mi me miran mal cuando digo que tengo un pacto con mi mejor amigo: Si dentro de unos años ninguno de los dos tiene pareja, nos iremos a vivir juntos y tendremos hijos.

Se preguntan por qué vamos a desear tener hijos si no nos amamos...
¿qué tendrá que ver la concepción con el enamoramiento?

Nos llevamos bien, hemos sido compañeros de piso y sabemos que podemos convivir sin matarnos. Hay cariño, amistad y respeto.
¿qué mejor hogar para un hijo?
Si no hay pasión, la encontraremos fuera.

Lo peor que puede pasarnos es que uno de los dos se enamore del otro. Nada más.

¿que se joda la amistad? Miles de matrimonios se rompen cada día.
Y yo soy el bicho raro... hay que joderse!

Enigmática dijo...

¿Por qué no habré leido yo esto antes? ajaja Me ha encantado.

Besos,

Enigmática