Condón: Instrucciones de uso

1. No os fiéis de condones que no sabéis cómo han estado conservados. Deben conservarse en lugares frescos y secos; nada de la guantera del coche y cuidado con guardarlos directamente en el bolsillo del pantalón (calor, roces, etc.)

2. Mirad la fecha de caducidad. Nada de usar condones caducados ni cerca de su fecha de caducidad.

3. Abridlo con cuidado; nada de uñas, dientes o tijeras.

4. Colocadlo antes de cualquier contacto genital.

5. Nunca coloquéis dos condones; el roce entre ellos puede facilitar su rotura.

6. Al colocarlo, apretad el depósito (la punta del condón) para que no quede aire y pueda depositarse el semen ahí. Desenroscadlo hasta abajo; hasta la base del pene.

7. Procurad que la vagina esté bien lubricada antes de la penetración, ya sea de forma natural o usando un lubricante artificial.

8. Si usáis lubricante nada de vaselina o aceite; pueden romper el condón. Usad lubricantes en base acuosa, los venden en cualquier farmacia, sex-shops y algunos supermercados. En su defecto la saliva es un buen lubricante y no daña el condón.

9. Usadlo durante toda la penetración.

10. Cuando acabéis, sujetad el condón por su base antes de retirar el pene, para que no se quede dentro de la vagina.

11. Retiradlo antes de que desaparezca la erección.

12. Tirad el preservativo a la basura, nunca al WC.

13. Usad un preservativo diferente para cada penetración.

Errores más comunes:

• Llevar el condón en la guantera del coche.
• Utilizar los dientes o tijeras para abrirlo.
• Ponérselo sólo antes de eyacular.
• No retirar el condón inmediatamente después de haber eyaculado.
• Tirar el condón al WC.
• Limpiar el condón y reutilizarlo.
• Ponerse dos condones.

Necesidades primarias (1)

El cuento de El Caballero de la Armadura Resplandeciente es una metáfora de las diferentes necesidades primarias que tenemos los hombres y las mujeres, si me permitís el pecado de la generalización y salvando las excepciones y los casos puntuales. En este caso habla de las necesidades primarias del hombre: Confianza, aceptación, apreciación, admiración y aprobación.
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Al igual que las mujeres en general tienen como necesidad primaria el cariño y la comprensión, los hombres necesitan la confianza y la admiración. Una vez que las necesidades primarias están satisfechas, se puede profundizar con mayor eficacia en otros aspectos como la colaboración, el perfeccionamiento y la autocrítica.
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El caballero del cuento fue sintiendo un progresivo vacío en sus necesidades primarias, por lo que fue poco a poco olvidando sacar brillo a su armadura y fue cayendo en una depresión. Cuando la nueva mujer hace que vuelva a sentir sus necesidades primarias completamente satisfechas, él se vuelve a sentir un auténtico caballero y vuelve a llenarse de confianza y ánimo.
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Intentar cambiar a un hombre es un error. Al intentarlo, estamos despreciando sus necesidades primarias, y el hombre responderá resistiéndose al cambio. En cambio, si un hombre siente sus necesidades primarias satisfechas, estará abierto a sugerencias y críticas constructivas, siempre que le sirvan para mejorar como "caballero" y siempre que se respeten las necesidades básicas: Admiración y aceptación.
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Otro día hablaré de la importancia que tiene en las mujeres la comprensión como necesidad primaria, y lo mal que solemos actuar los hombres al respecto.
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[Continúa en el post Necesidades primarias (2)]

Para caballeros y princesas

Un caballero vestido con una armadura resplandeciente cabalga a través de la campiña. Oye de pronto a una mujer que llora desconsolada. En un instante, el caballero lanza su caballo al galope y se dirige hacia el castillo donde la mujer está encerrada, vigilada por un dragón. El noble caballero desenvaina el sable y mata al dragón. La princesa le acoge amorosamente.

Cuando se abren las puertas, la familia de la princesa y los aldeanos le dan una calurosa bienvenida. Le invitan a vivir en la aldea y es aclamado como un héroe. Él y la princesa se enamoran.

Al cabo de un mes, el noble caballero parte de viaje. En el camino de vuelta, oye a su amada princesa que llora pidiendo ayuda; otro dragón ha atacado el castillo. Cuando llega hasta el dragón el caballero desenvaina el sable para matarlo. Cuando va a asestarle el golpe, la princesa grita desde la torre:
- Deja el sable; utiliza este lazo, te irá mejor.
Le lanza el lazo y le dice cómo tiene que utilizarlo. Vacilante, él sigue sus instrucciones; rodea con él el cuello del dragón y a continuación tira con fuerza. El dragón muere y todo el mundo se alegra.

Durante la cena de celebración el caballero piensa que no ha hecho nada en realidad. De algún modo, por el hecho de haber utilizado el lazo de la princesa y no su propio sable, no se siente muy digno de la confianza y admiración del pueblo. ¿Por qué no utilizó el sable, si siempre la había dado tan buenos resultados? Después de la cena, se siente ligeramente deprimido y olvida sacar brillo a su armadura.

Un mes más tarde vuelve a salir de viaje. A punto de marcharse armado con su sable, la princesa le recomienda prudencia y le dice que coja el lazo. De nuevo, cuando vuelve a casa, un dragón está atacando el castillo. Esta vez el caballero se abalanza con el sable desenvainado, pero vacila al pensar que tal vez debería utilizar el lazo. En este momento de vacilación, el dragón escupe una llamarada y le quema el brazo derecho. Confundido, él levanta los ojos y ve a su princesa que le está haciendo señas desde la ventana del castillo:
- ¡Utiliza el veneno, el lazo ya no sirve!
La princesa le lanza el veneno, él lo introduce en las fauces del dragón y éste muere. Todo el mundo le alaba pero el caballero se siente avergonzado.

Pasados unos meses, sale una vez más de viaje. Cuando se va, armado con su sable, la princesa le dice que sea prudente y que coja el lazo y el veneno. La sugerencia de la princesa le irrita, pero los coge por si acaso. Esta vez, durante el viaje, oye a otra mujer pidiendo auxilio. Mientras se dirige hacia ella, su abatimiento se desvanece y se siente confiado y animado. Pero cuando desenvaina el sable para matar al dragón, vacila y se pregunta: "¿Debo utilizar mi sable, el lazo o el veneno? ¿Qué diría la princesa?"
Por un instante se siente confundido. Recuerda entonces lo decidido que era antes de conocer a la princesa. De nuevo lleno de confianza, se desprende del lazo y el veneno y carga contra el dragón con su sable. Mata al dragón y la chica y los aldeanos se congratulan.

El caballero de la armadura resplandeciente no regresó jamás con su princesa. Se quedó en este otro pueblo y vivió feliz para siempre. Con el tiempo se casó con esta nueva princesa, pero no sin antes asegurarse de que ella no sabía nada de lazos ni de venenos.

"En lo más profundo de todo hombre hay un caballero con una armadura resplandeciente" (John Gray, Doctor en psicología y terapeuta de pareja)
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[Continúa en el post Necesidades primarias (1)]

Quiéreme...


Quiéreme cuando menos lo merezca,
que probablemente será cuando más lo necesite.

(Dedicado a una persona que me está queriendo mucho cuando más lo estoy necesitando)

Me pongo encima y...


¿Y por qué el chico tiene que estar sobre la chica? ¿Y por qué a la chica es a quien "tantas veces" le duele la cabeza? ¿No será que no se lo pasa tan bien como el chico? ¿Será que no se han leído el artículo "orgasmo femenino"? ¿Y por qué "le duele la cabeza"? ¿No será mejor olvidarse de excusas absurdas, y simplemente decir que no le apetece?

- María, te he traído la aspirina con un vasito de leche caliente...
- Gracias Jose, pero... ¿para qué? Si no me duele la cabeza...
- ¿No? ¡De puta madre! ¡¡Esta noche follo!!

¿Os acordáis de la empatía?

Hoy me apetecía recordar uno de los posts de los que me siento más orgulloso. Además me parece uno de los más interesantes y valiosos; creo que es un artículo que nos vendría bien releerlo de vez en cuando... Ahí va:

¡Una de empatía!

Palabra extraña, ¿verdad? La empatía, según la Real Academia Española, es la identificación mental y afectiva de un sujeto con el estado de ánimo de otro. Me gusta más la del diccionario VOX, aunque tampoco sea del todo acertada para mi gusto: Participación afectiva de una persona en una realidad ajena a ella, generalmente en los sentimientos de otra persona. Me quedo con la explicación más popular y cotidiana: "Ponerse en el lugar del otro". ¿Pero es esto tan sencillo como parece?

- Es que no lo entiendo... mira que me pongo en su lugar, pero no sé como ha podido hacer algo así...
- Yo si fuese él, nunca hubiese tomado esa decisión.
- Me pongo en su lugar y sigo sin comprender por qué lo ha hecho.
Este tipo de expresiones se oyen constantemente cuando hablamos, valoramos y juzgamos las conductas, actitudes y decisiones de los demás. Estamos acostumbrados a añadir sin ningún reparo coletillas del tipo "sí me pongo en su lugar" o "claro que tengo empatía", sin ser realmente conscientes si estamos teniendo empatía de verdad.

Ser empático es realmente difícil. No es tan sencillo como "ponerse en el lugar del otro", ya que cuando intentamos hacer esto, lo que hacemos realmente es lo siguiente: YO, con todos mis deseos, prejuicios, valores, motivaciones, recursos, habilidades... me pongo en el lugar del otro, una situación que es completamente ajena a mí. Es imposible ponerse por completo en el lugar del OTRO; con sus deseos, prejuicios, valores, motivaciones...

Entonces, ¿no es posible tener empatía? Yo diría que lo que no es posible es tener una empatía absoluta, pero podemos hacer un esfuerzo para intentar comprender qué y cómo otra persona puede estar sintiendo en un momento concreto. Para ello hay que intentar "visualizar" y comprender todo lo que una persona tiene dentro de sí misma, e intentar sentirlo como propio. Tenemos que ser conscientes de todo lo que ha podido vivir una persona para llegar a sentir como siente, a actuar como actúa, a pensar como piensa...

Cuando valoremos negativamente lo que alguien ha dicho o ha hecho, deberíamos hacer un gran esfuerzo y no valorar solamente el resultado de su conducta, sino reflexionar en las causas y motivaciones que hay detrás. Debemos intentar adentrarnos en la mente del otro y pensar qué hubiésemos hecho nosotros si hubiésemos estado en su lugar, pero con sus mismos prejuicios, valores, habilidades, ideas... Y no os olvidéis los tres ingredientes mágicos para esta difícil receta: Comunicación, comunicación y comunicación.

Tranquilo...

Por qué no decir la frase "tranquil@, que todo va a salir bien", "tranquil@, que seguro que todo se arregla" o similares:

1.- Porque no es verdad. Puede que no se arregle, o puede que no salga bien.

2.- Porque puede crear falsas expectativas. Si la cosa está jodida, está jodida, y habrá que asumir y afrontar la situación de la forma más realista posible. El crear falsas expectativas puede provocar que la "hostia" al final sea más dura, o que las consecuencias de no esperar que el problema "no se arregle" sean mucho peores por no ser realista.

3.- Porque puede denotar falta de empatía y comprensión. "¿Qué no me preocupe? Claro, como no te está pasando a ti..."

4.- Porque es una frase inútil. No tiene absolutamente ningún valor; no trasmite nada, no aporta nada.

5.- Porque hay alternativas mucho mejores. Un "ya, entiendo como te sientes", un "si necesitas cualquier cosa cuenta conmigo", o un fuerte y sincero abrazo, seguro que aporta mucho más.


Gestionando deseos (3)

[Continuación del post Gestionando deseos (2)]

"Es que me muero de ganas de un polvazo con Elsa Pataky, cómo me pone... ¡Haría cualquier cosa por conseguirlo!"


Como ya he comentado en los dos post anteriores, el sentir deseos no tiene nada de malo, independientemente de cómo sean los deseos que sintamos. Lo malo puede ser no saber gestionarlos, no canalizarlos correctamente, y acabar llevando al ámbito de las conductas deseos que tenían que haberse vivido y disfrutado en el ámbito de las fantasías.

Una de las causas de no conseguir canalizar correctamente los deseos que sentimos es la represión y la condena social que se impone a muchos de ellos. Hay deseos socialmente catalogados como "buenos" y deseos que tienen la etiqueta de "malos". No señores; los deseos NUNCA son malos; lo tremendamente "malo" es diagnosticar y condenar a la gente por los deseos que puedan sentir.

El que yo sienta deseos de ser millonario está bien visto. Nadie dice que soy un ladrón en potencia, nadie asegura que voy a acabar malversando fondos públicos, ni nadie me describe como un jeta avaricioso. Como mucho dirán que soy ambicioso...

El que sienta mucho deseo erótico en general está visto como algo normal e incluso sano y divertido, siempre que sea hombre y tenga entre 14 y 45 años. Para una chica o un anciano no es lo mismo...

El que sienta un fuerte deseo erótico-sexual por Elsa Pataky es de lo más normal. Todos podemos hacer público nuestros deseos hacia ella, y nadie nos acusará de enfermo, ni de violador en potencia, y a nadie se le pasará por la cabeza el que un día se me pueda "cruzar la vena" e intentar localizar a Elsa y violarla.

¿Y qué sucede con el paidófilo? Sí, es cierto, siente deseos eróticos por los niños... ¿Y qué? ¿Es eso más grave que sentir deseos de matar a tu jefe? ¿Es más grave que sentir deseos de atar a Natalia Verbeke a una cama y hacerla de todo? ¿Es más grave que sentir deseos de pegar un tiro a ese político que tanto odio te genera?

Ni el deseo de ser millonario te convierte en un ladrón, ni el deseo de acostarte con Elsa te convierte en un violador, ni el deseo erótico hacia los niños te convierte en un pederasta. Como el deseo de agredir a tu jefe está bien visto, todos se ríen cuando dices imaginar la cara de tu jefe en el balón que chutas. Como el deseo de acostarte con Elsa Pataky es lógico, puedes comentar con tus amigos todas las prácticas sexuales que le harías. ¿Y qué sucede cuando se despierta tu deseo erótico al ver la imagen de un niño? Pues nada. Habrá que aceptarlo, normalizarlo y CANALIZARLO, como cualquier otro deseo. En este caso las fantasías serán una forma sana, agradable, sencilla y 100% respetuosa de disfrutar y canalizar correctamente los deseos. Y así, como ya he dicho antes, evitaremos que exploten todos los deseos reprimidos, ignorados y demonizados, con una conducta para nada deseable.

Quien quiere ser millonario es ambicioso, quien roba para ser millonario es un ladrón. Y no tienen nada que ver los ambiciosos con los ladrones. Quien siente deseos eróticos hacia los niños es un paidófilo, quien agrede genitalmente a un niño está cometiendo un delito, y es un criminal. Y un paidófilo no tiene nada que ver con eso.

Gestionando deseos (2)

[Continuación del post Gestionando deseos (1)]

Como ya he explicado, entre los deseos que sintamos puede que haya algunos que no sea nada conveniente llevarlos al ámbito de las conductas. Unos ejemplos:
- Deseo de dar una paliza a un político que nos cae muy mal.
- Deseo de dar una fuerte patada a un perro enano y feo que te está ladrando.
- Deseo de quitar el dinero a una señora de gran opulencia a la que vemos sacar diez mil euros en el banco.
- Deseo de atropellar a nuestro insoportable jefe cuando pasa delante de nuestro coche en el aparcamiento.

Entonces, como ya comenté en el anterior post, si la cantidad y el tipo de deseos que podamos sentir es algo que no podemos controlar, ¿qué debemos hacer con esos deseos que no podemos cumplir? GESTIONARLOS. Y, por qué no, disfrutarlos. Pasos para gestionar correctamente los deseos:

1.- Reconocerlos: Sí, tienes el deseo de "X", y no tienes porqué negarlo. No intentes convencerte que no sientes dicho deseo, porque puede ser peor. Sientes deseo de "X", reconócelo.

2.- Asumirlo y normalizarlo: No pasa nada por sentir deseos, incluso con los deseos más enrevesados. Sentir deseos no es malo, ni siquiera sentir deseo por "X", así que no te preocupes. Además, todos sentimos en alguna ocasión deseos hacia algo que no vamos a poder llevar al ámbito de las conductas, y no pasa nada. No eres ni mejor ni peor persona por desear "X", ni eres ningún bicho raro; eres tan normal como cualquier otra persona. En mayor o menor medida todos deseamos cosas que no vamos a poder cumplir.

3.- Entenderlos (prescindible): No siempre hay una explicación para nuestros deseos, pero en ocasiones sí, y nos puede ser útil. Por ejemplo: ¿Por qué siendo hombre sientes deseos de mantener relaciones eróticas con muchas mujeres y en muchas ocasiones? Porque vivimos en una sociedad en donde al hombre se le hipersexualiza, además de los efectos que provoca en nuestro deseo erótico nuestra alta cantidad de testosterona. Si no encuentras explicación a tus deseos tampoco pasa nada, acéptalos y asúmelos igualmente.

4.- Canalizarlos correctamente (MUY IMPORTANTE): Debemos canalizar los deseos hacia conductas que no tengan ningún efecto negativo ni para nosotros ni para los demás. Por ejemplo, si tenemos deseos de pegar o incluso de matar a alguien; podemos gritar muy fuerte, golpear un cojín o similar, fantasear en como lo golpeamos... e incluso nuestro subconsciente puede actuar por nosotros pudiendo provocarnos sueños agresivos contra la persona odiada. Si disfrutas canalizando dichos deseos, por ejemplo al colocar una foto del jefe en el cojín que golpeas, mejor para ti, no tiene nada de malo.

El aceptar y asumir los deseos que sentimos, y sobre todo el canalizarlos correctamente incluso disfrutando de ello, provocará que nos sintamos bien y sintamos nuestros deseos satisfechos, por lo menos en gran parte. Es una forma muy sana y agradable de satisfacción, y evitaremos explotar de alguna forma indeseable de tanto reprimir dichos deseos.

Para acabar, y para relacionar el tema con el sexo y el erotismo, cuestiones para la reflexión: ¿Cómo gestionar...
a) ...el deseo de un/a andrerasta de acostarse con Brad Pitt?
b) ...el altísimo deseo erótico de un hombre, que quiere sexo a diario, cuya pareja tiene mucho menor deseo erótico?
c) ...el deseo de un hombre de ver cómo su novia se acuesta con otro hombre?
d) ...el deseo por los niños de un paidófilo?

El tercer capítulo será determinante y concluyente...