¿Justicia? (caso 2)

M.D, ingeniero industrial, tuvo una pelea con su esposa. Como él no quería discutir, su mujer le provocó empujándole contra una cómoda causándole una lesión en la espalda. El varón reaccionó devolviéndole el golpe.

Poco después la policía se lo llevó detenido a comisaría; ella le había denunciado por malos tratos. Allí le tomaron las huellas, le quitaron sus objetos personales; incluido el reloj, los cordones de los zapatos, las medicinas para combatir un resfriado y sus gafas (tiene 5 dioptrías en cada ojo), y lo metieron en el calabozo.

Era viernes y los juzgados de violencia estaban cerrados. Al día siguiente lo trasladaron a otra comisaría de Madrid donde volvieron a reseñarle. Pasó tres días encerrado, alimentado sólo con zumo y galletas.

El lunes se encontró con la primera sorpresa. El juez negó a su abogado el derecho a representarle y nombró uno de oficio que, nada más verle, le preguntó cuánto ganaba. Luego le recomendó que firmara una sentencia de conformidad: "Si aceptas una condena de 7 meses, evitas una pena mayor y no te expones a ir a prisión", le dijo el letrado. Después de tres noches sin pegar ojo, víctima de un principio de neumonía, desorientado y sin ver un palmo más allá de sus narices, M.D. solo quería salir del infierno. Esposado, firmó lo que le pusieron delante para acabar con la pesadilla.

Por la tarde, le soltaron. La vivienda, regalo de su madre, le fue adjudicada por el juez a su mujer y a sus dos hijos, a los que debía pasar una pensión de 600 euros mensuales.

Todo aquello por lo que un hombre lucha (familia, hijos, hogar, patrimonio) se lo habían arrebatado en un pseudo-juicio, defendido por un desconocido.

"Bajo el shock traumático del calabozo, enfermo, sin asesoramiento, sin prestar declaración ante el juez, sin que le leyeran la acusación, sin ser escuchado y sin que nadie le explicara las consecuencias de una sentencia firme e inamovible, mi cliente fue condenado sin juicio", afirma su abogada Patricia Gómez. "El asunto no tiene parangón en la jurisprudencia de ningún país civilizado. Es tan grave que clama al cielo".

[Caso real, extraído del libro "El varón castrado" (Ed. Planeta).]

2 comentarios:

Jimena dijo...

esto ya es el colmo...
lo más triste es que es real!

justicia ciega

anónima dijo...

Un conocido decía el otro día que él ya no levantaba el brazo ni para pedir un taxi...
A mí me parece una aberración.

No digo que no haya que proteger a las mujeres que sufren malos tratos, pero a mi modesto entender, esta no es la forma.

Sería más efectivo que hubiera más agentes, más vigilancia, más dinero, más recursos dedicados a este problema y no tanta demagogía y tantos políticos utilizando este problema para su mejor conveniencia.