Peculiaridades eróticas

Existen dentro de nuestras posibilidades de expresión sexual humana, ciertos comportamientos particulares que algunos llaman perversiones o aberraciones. La psicología ha evolucionado en ello y actualmente emplea el término "expresiones comportamentales de la sexualidad", el cual designa a las mal llamadas perversiones sexuales.
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No piense que este tema es exclusividad de “pervertidos” y que Usted no tiene porque estarlo leyendo. Aunque no lo crea, Usted también tiene expresiones comportamentales de su sexualidad que de pronto no imagina o no ha descubierto todavía.
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Todos los seres humanos que vivimos en este planeta, o sea, su mamá, su papá, el alcalde, el sacerdote, el vecino, su hijo, Usted y yo, tenemos algo de fetichismo, necrofilia, voyeurismo, sadomasoquismo, entre otros. Todo depende del nivel en que nos hallemos.
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Si su pareja emplea técnicas de amarramiento como parte de un juego erótico, no significa que sea “técnicamente” un Bondage. Pero si sucede que su pareja solamente puede tener orgasmos cuando Usted se encuentra amarrado, lo más probable es que estemos frente a una persona Bondage.
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Son fetichistas (obviamente en un bajo nivel) aquellos que son coleccionistas y adoran sus objetos. Son exhibicionistas aquellas mujeres que visten con escotes y minifaldas. Son necrofílicos los que adoran a los muertos. Son masoquistas aquellos que les gusta estar en relaciones tormentosas. Podríamos enumerar muchos casos de este estilo.
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Es muy triste ver y escuchar a las personas, que por la satanización de comportamientos sexuales diferentes a los tradicionales, mojigatos y “misioneros”, impiden, castigan y huyen de sí mismos o de su pareja, pues creen que están cometiendo algún pecado o están algo desajustados mentalmente.
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Ten siempre presente esto: En materia de comportamiento sexual las personas pueden hacer lo que deseen siempre y cuando no dañen a terceros, y que los que participen lo hagan voluntariamente y con conocimiento de las consecuencias de sus actos.
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Ahora, en el campo real, en la vida práctica, imaginemos y sintamos. ¿Qué pasaría si tu pareja te propusiera amarrarte a la cama por unos momentos? ¿Si quisiera darte unas nalgadas? ¿Si quisiera ser dominado? ¿Si quisiera orinarte? ¿Si quisiera…?
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La clave está en la comunicación, la cual parte de la escucha. Ante este tipo de propuestas debemos escuchar claramente lo que el otro desea y conocer los alcances que ello implica. En este paso que parece tan sencillo, muchos fallan; ponen resistencia, reaccionan, se afectan emocionalmente, no dejan hablar, lanzan juicios de valor y degradan al otro.
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Una vez le hayamos brindado al otro su espacio de expresión nos toca decidir, si aceptar o no su propuesta.
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“Descubridlo todo y quedaros con lo bueno” (San Pablo)
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[Escrito por Alejandra Quintero (El Diván Rojo). Artículo original: Todos somos perversos]

3 comentarios:

Sophie dijo...

Para mi está claro que el nivel de confianza en la cama es lo que hace que se puedan llegar a materializar determinadas fantasías.

Aunque creo que siempre hay límites que te pones a tí misma y que no tienen porque ser malos.

Un saludo

jimena dijo...

la sexualidad... tan personal, única y compleja como las huellas dactilares.

en mi caso, y siguiendo el hilo con el comentario de Sophie, el único limite que me pongo es cuando hago algo que veo que no disfruto, o que mi pareja no disfruta. sino, todo lo que sea, lo conozca o no, bienvenido..!
esto es como jazz para el cuerpo... improvisación a alto nivel, y felices vuelos..!

pd (offtopic): qué buen y más adecuado título el de "diván rojo"...

Anónimo dijo...

Yo también opino que todos tenemos alguna "perversión".
Pero es muy cierto también que, por muy abierto de mente que sea una persona, hay cosas que le gustan más y cosas que le gustan menos... y cosas que le desagradan.

Y esos desagrados hay que respetarlos tanto como los gustos.

A mi puede gustarme atar, y a mi pareja sexual puede no gustarle esa situación. Y mi postura es tan válida como sería la suya.

No se trata de mojigatería o demonizar ciertas practicas. Símplemente no a todos nos gustan las mismas cosas.
Y eso también merece respeto.

Al final todo se reduce al respeto y la comunicación (como casi todo).