Pareja fisión (2)

CASO 1: "Capaz de mantener claramente una opción de vida diferente aún a riesgo de verse señalada, Laura prefiere conservar una vivienda separada de su amante, padre del niño que va a nacer. La vida por separado es poco racional desde el punto de vista económico, pero Laura y Nicolás están de acuerdo en que esta inversión es una elección vital. Ciertamente deben pagar una serie de facturas y disponer de electrodomésticos por partida doble, pero ¿acaso son argumentos suficientes para volver a la familia antigua? Ninguno de los dos quiere renunciar a su autonomía ni al placer de estar solo en casa, con amigos, o pasar noches sin el otro. Criarán a su hijo sin cambiar el funcionamiento de lo que hasta ahora ha funcionado. Sencillamente el niño tendrá padres independientes pero no separados, lo que le permitirá vivir plenamente con cada uno de ellos y con los dos, según el momento."

CASO 2: "Tras cinco años de vida en común, en la vida de Nina y Oliver parece haberse instalado la rutina. Después de algunas crisis, en lugar de separarse para siempre puesto que al afecto mutuo era manifiesto, Nina propuso vivir en casas distintas. Oliver, que al principio se mostró desconfiado y escéptico, reconoció algunos años después que este régimen dio más vida a la pareja. Esto fue posible porque él también estaba dispuesto a dar el paso. Así han reestablecido el diálogo que se había roto. Como por motivos de trabajo apenas coincidían en el piso y tenían la sensación de cruzarse más que de vivir juntos, ahora la situación ha dado paso a un efecto de encuentros furtivos, más difíciles de organizar pero más imaginativos y sorprendentes. Es verdad que las facturas de teléfono han aumentado, así como el resto de gastos, ya que cada uno tiene que pagar una casa. No obstante, ahora reina el gusto por la libertad y una comunicación de verdad.
Los encuentros, imprevisibles, parecen estar guiados por un impulso amoroso, aunque se hayan establecido algunos rituales. La cena en una de las dos casas seguida de cine o de una copa en algún bar que les guste no va necesariamente acompañada de una noche en común, pero también puede suceder si les apetece. Cuando la rutina parecía arruinar su relación anterior, el hecho de haber encontrado algo de espacio y un respiro les aporta una alianza real. Porque Oliver no se andaba con chiquitas a la hora de invitar a sus amigos a casa, aunque a Nina no le gustara. Ésta ya no se queja de tener que limpiar los restos al día siguiente de la fiesta, ya que Oliver invita en su apartamento. Nina está por otra parte sorprendida al constatar que no es la pocilga que ella imaginaba.
Se ven tres o cuatro veces por semana pero se reservan noches por su cuenta o para actividades compartidas con otros: deporte, aficiones, cultura, cenas con amigos o colegas de trabajo. Esta situación, al principio impuesta a Oliver, resulta muy conveniente y él la reivindica como un modo de vida que le permite compaginar calor y seguridad afectiva de la pareja con la felicidad y sentimiento de plenitud de la soltería. Pero sobre todo se añade la sensación de renovar continuamente una relación de pareja que de otro modo no podría evitar el estancamiento."

(Textos extraídos del libro El nuevo arte de amar, de Serge Chaumier)

4 comentarios:

SdS dijo...

Ahora Chaumier, antes Woody Allen viviendo en su piso y su pareja viviendo en otro un poquito más allá, sólo me faltaba ahora que lo documentaran.

Si el crío tiene terrores nocturnos... ¿los calma la madre? ¿el padre? ¿depende del día de la semana? ¿o dos tilas y que se espabile el crío?

Puede ser mejor que muchas opciones, pero la convencional sigue teniendo su aquél...

jen dijo...

voy a terminar por comprarme el libro..cada vez me sorprende y me fascina más :)

Anónimo dijo...

Hombre, tanto como nuevo...

Los padres de mi pareja ya han practicado esta forma de vida durante toda su relación.

Son una pareja normal, con sus más y sus menos, como todas las parejas. Esta no es la panacea para evitar todos los males, ni mucho menos. Ni así te libras de las diferencias, o la rutina (a los hechos me remito).

Tampoco en el cuidado de los hijos todo debe ser de color de rosa. Por algo mi pareja no quiere seguir su ejemplo.
No quiere que sus hijos tengan la sensación de que uno de los progenitores está invadiendo un espacio sobre el que no tiene derecho cuando llega a casa, por poner un ejemplo.

Y yo, que soy mucho más tradicional, estoy bastante de acuerdo con él.

Es, desde luego, una forma diferente de crear una familia. Pero una forma con la que no comulgo ni me gustaría para mi.

Tampoco veo la razón por la que se les deba señalar por la calle. Como si no existieran parejas así desde hace muchísimos años!

Anónimo dijo...

En realidad, ¿cuál es la mejor forma de pareja? Porque otra cosa no, pero anda que no hay formas de pareja, y no solo la tradicional española catolica, apostolica, hetero y monógama. ¿Una relación entre dos satánicos es peor que entre dos cristianos? Quizá sus roles o las acciones del tiempo en común cambién, pero al final lo que prima es que la vida en pareja permita realizarse tanto indivudual como dualmente.

Y lo de los terrores nocturnos del niño no le veo ni pies ni cabeza. los terreros nocturnos son una patología que básicamente se caracteriza por gritos de terror del niño por la noche, aunque lo más sorprendente de todo es que, al igual que los ronquidos, quien los produce se encuentra dormido, así que ese niño que grita como si lo estuviesen matando en realidad no se está enterando de nada. En cualquier caso, los terrores nocturnos son temporales, siendo entre los 4-6 años cuando más se producen, y si llegasen a pasar de los 10, habría que acudir a un especialista.