¿Quién es más irracional?

Hay cosas que me desgarran el alma. No me creo que una persona con unos mínimos sentimientos de compasión pueda realizar las cosas que se ven en este vídeo. Y esto pasa en China, ese fantástico país en donde se van a celebrar las olimpiadas.

El ser humano a veces me repugna. Cada vez estoy más convencido de que somos el ser más cruel que ha habitado nunca en la tierra.

Aviso: El video es estremecedor. Y ya sé, no tiene nada que ver con la sexología; pero entendedme, estoy realmente conmocionado...

¿Nos entendemos?


Ellos sencillos, ellas complejas

Pues sí, es lo que creo. Creo que las mujeres son más complejas que los hombres, y que los hombres somos más sencillos que las mujeres. Y ya sé que cada persona es un mundo, que todos somos diferentes, y que hay mujeres muy sencillas y hombres tremendamente complejos. Pero volviendo a caer en la inmoralidad de generalizar, creo que las mujeres en general son psicológicamente mucho más complejas que los hombres, y que los hombres somos mucho más sencillos para comprender que las mujeres.

Y con esto quiero decir que los hombres somos más sencillos, pero no por ello más simples. Aunque también hay hombres muy simples, otros muchos pueden ser tremendamente enriquecedores para muchas personas. Pero alguien puede resultar enriquecedor y tener una gran "sustancia", pero ser sencillo. Sencillo a la hora de saber, comprender y transmitir lo que quiere decir, lo que le pasa, cómo puede sentirse mejor, qué es lo que le preocupa...
Esto tampoco quiere decir que los hombre seamos más felices, o que suframos menos. Pero sí que sufrimos con cosas más concretas, tenemos sentimientos más coherentes, comprendemos más lo que nos pasa...

Tampoco quiero decir que las mujeres sean más complicadas. Puede que la complejidad, rasgo característico del sexo femenino, no conlleve necesariamente dificultades relacionales. Creo que una mujer puede ser tremendamente compleja, pero generar unas relaciones sociales muy llevaderas. Puede tener grandes conflictos a nivel interno pero transmitir estabilidad y armonía. Puede tener grandes dificultades psicológicas, pero que no influyan negativamente en su relación de pareja ni en el resto de relaciones sociales. Las mujeres son más complejas, pero no por ello más complicadas.

Y sí, es lo que pienso.

Vaya chistes...

"Pegar a la mujer no es maltratarla, es educarla"

Esto es lo que ponía en unos cuchillos de decoración que tenían en un comercio de Ibiza (la noticia, AQUÍ). El propietario dice que sólo son chistes colombianos. Sin comentarios...

A mi ritmo

Hoy me apetecía recordar un artículo que escribí hace tiempo...

Paseando a mi ritmo

- ¿Vamos a dar un paseo?
- Venga hecho, pero vamos corriendo, que yo paseo así, vale?
- No hombre, vamos despacito, dando un paseo...
- No tía, que despacio es aburrido... corriendo es más divertido.
- No no, yo si voy a dar un paseo es para ir despacito, que es como me gusta.
- Bueno, lleguemos a un acuerdo: Vamos haciendo footing, vale?
- Que no hombre, que yo paseo andando, sin correr...
- Joe tía, no seas intransigente, footing es un término medio, ni para ti ni para mí...

Parece evidente que cuando vamos a dar un paseo, hay que ir al ritmo que marca el que va más lento, al ritmo "menos exigente", y si no quieres ir a ese ritmo, pues te vas solo. En las relaciones de pareja hay muchas situciones similares, pero existe la creencia errónea de que lo más adecuado SIEMPRE es el término medio, pero por supuesto que no es así. Unos ejemplos:

Ejemplo 1: Prácticas eróticas. Yo quiero hacer orgías salvajes todas las semanas, pero tu no quieres hacer nada, ni siquiera coito ni sexo oral. ¿Solución? Algo intermedio; sexo oral y coito en pareja fijo, y un trío por lo menos cada 3-4 meses. Y si a ti no te apetece pues te aguantas, que yo también me quedo sin mis orgías semanales. Es que no hay nada como llegar a acuerdos en pareja...

Ejemplo 2: Compromiso conyugal. Yo quiero casarme contigo el mes que viene y tener hijos en menos de un año, y tú sólo quieres que estemos enrollados. ¿Solución? Pues de nuevo algo intermedio; hacemos público que somos novios y vamos planificando la boda para casarnos en dos años como mucho. Lo de los hijos ya lo hablaremos...

Insisto que en muchas situaciones de pareja hay que ir al ritmo del más lento, o mejor dicho al ritmo "menos exigente", y si no te gusta ese ritmo, pues te vas tú solito. Vamos, que en el "ejemplo 1" ella (o él) es muy libre de no querer hacer nada, y no tiene porqué llegar a ningún acuerdo con él. En el "ejemplo 2" él (o ella) está en su pleno derecho a no querer comprometerse más, y tampoco tiene porqué acordar nada. Y, por ejemplo, ¿en el tiempo que se dedica a la relación? ¿Cuánto tiempo deben pasar juntos o cuántas cosas tienen que hacer juntos una pareja, si ellos dos no están de acuerdo? ¿Hay que ir al ritmo "menos exigente", o hay que llegar a acuerdos? ¿No es una situación similar a las anteriores? Para pensar...

Diferencia = valor

El que la sigue...

Otra vez Amanda. Otra vez genial...

Cristóbal tardó más de tres meses en culminar conmigo una mamada completa. Me explico: por más que yo me dedicara con deleite, pasión, morbosidad, alevosía y hasta fanatismo a su apéndice viril, no había manera de conseguir su orgasmo. Y yo, que siempre me he pavoneado y enorgullecido de mis artes orales (y no me refiero a mi capacidad comunicativa precisamente), casi entro en fase "frustra-deprimida" ante tal desaguisado.

Así que me dediqué cual gatita inocente a preguntarle qué debía hacer exactamente:
– Cariño, ¿te gusta lo que te estoy haciendo?
– Me encanta, tesoro.
– ¿Sigo así o prefieres que vaya más rápido?
– Sigue, coño, sigue.
– ¿Te beso con más pasión el frenillo, o prefieres que me dedique más a la coronilla?
– Que dejes de hablar y sigue, que me desconcentras.

Nada; acababa siempre con agujetas mandibulares. El caso es que yo le sentía disfrutar con aquello, así que seguía insistiendo, en la esperanza de encontrarme, alguna vez, con el fruto de tanto movimiento en mis labios. Sin embargo, si tras aquellos ejercicios se le antojaba regalarme una penetración, se corría en menos de dos segundos. ¡Desalentador! Me colgué el Sanbenito de ser una inútil chupa-pollas y casi nos crea un disgusto.

Hasta que un día, tomé el toro por los cuernos, o a Cristóbal por los huevos, y entre risas pero muy en serio, le pregunté:
– ¿Por qué cojones no te corres nunca con mis mamadas?

Ante tal énfasis, a Cristóbal casi le da un infarto (que el hombre andaba entonces ya por los 48). Se serenó como pudo y me dijo lo siguiente:
– Joder, yo creía que esas cosas os daban asco a las mujeres. Así que me he guardado muy mucho de llenarte esa boquita de princesa que tienes con algo tan desagradable como mi semen.
– Oye... ¿tú en que coño de siglo naciste, en el romanticismo?
– Amanda, ¡qué tengo 48 tacos! A mí me educaron en un colegio de curas y me contaron que esas cosas con las putas, no con los amores.
– ¡Afortunadas ellas! Encima de regalarles una corrida en su boca, les pagas. ¡Hay que joderse!
– Que no, princesita, que yo en serio creía que eso no te gustaba. De hecho creía que tu afán por hacerme sexo oral a cada encuentro era por amor, no sé, como un sacrificio personal.
– ¡Qué mayor te siento ahora mismo!
– ¿En serio te gusta comérmela?
– No, lo hago porque recibo anónimos amenazantes del tipo: "O se la comes o te mataremos. Firmado: el Justiciero del Sexo Oral".
– Desde luego, eres exquisita, completa, perfecta. Además de guapa, inteligente, divertida, entregada y cursi hasta emocionarme... ¡te gusta hacer mamadas! No sé a quién tengo que poner una vela ante la fortuna de haberte conocido.
– Se la vamos a poner juntitos a San Corrida en la Boca. Pero eso será cuando te relajes de una vez y me dejes hacerte una mamada como Dios manda.

Y esa fue la conversación que tuvimos acerca de las mamadas. Y el inicio de unos cientos de corridas fabulosas en mi boca. Si es que no hay nada como disfrutar viendo disfrutar, y tragarse hasta la última apasionada gota de su amor.

(Amanda, Vuelve la amante)

Enamorados

El enamoramiento permanente es sólo una utopía. Las viejas parejas que afirman seguir enamoradas sin duda han olvidado lo que quieren decir, o están mistificándolo. Quizás se quieran, pero no están enamorados.

Para que el encanto se mantenga, el ser amado tiene que aparecer, en cierta medida, bajo la forma de lo ambiguo y lo incierto. Para que la pasión o el deseo perduren, tienen que tener una parte desconocida, misteriosa o imprevisible. De este modo, el ser humano se enamora perdidamente de alguien misterioso, desconocido, enigmático y por ello fascinante, pero raramente de alguien a quien conoce a pies juntillas.

(Serge Chaumier, El nuevo arte de amar)