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Tristeza es cuando tienes todo el aire del mundo y sin embargo sientes que te ahogas.

Cuanto más inteligente, profunda y sensible es una persona, más probabilidades tiene de cruzarse con la tristeza.
(Alejandro Dolina, escritor argentino)

Podemos imaginarlo todo, predecirlo todo, salvo hasta dónde podemos hundirnos.
(Emile Michel Cioran, escritor y filósofo rumano)

Cuando uno está triste, hasta un día de sol radiante parece un día gris con una tormenta a punto de estallar.

Un verdadero amigo es aquel que entra cuando todos los demás se van.


Amor y maternidad

"Me parece que si las mujeres invierten tan masivamente en la maternidad es porque buscan en ella una satisfacción que pensaban encontrar en las relaciones de pareja."
(Sonia Dayan-Herzbrun, socióloga francesa)

"El amor maternal llena las lagunas, disimula las decepciones que ha dejado el amor."
(Léon Blum, crítico literario y político francés)

"Los cónyuges, y especialmente las mujeres, vuelcan en sus hijos su amor frustrado."
(Serge Chaumier, sociólogo francés y profesor universitario)

La utopía romántica

Extraordinariamente interesante el post que publico hoy, además de controvertido. Recomiendo encarecidamente leerlo, a pesar de ser un poquito largo:

La idea de que el amor se vive en el vínculo conyugal es una idea moderna. En la mayoría de las sociedades los lazos conyugales y los vínculos afectivos establecidos en el exterior son de distinta naturaleza y sería imposible confundirlos; se viven de forma paralela. Con el nacimiento de la utopía romántica, el tercero se vuelve clandestino, disimulado, se reduce al adulterio y a los amores venales.

La individualización y la libertad de cada uno para elegir su destino sentimental, casa mal con el amor romántico, porque este último tiene como objeto fundir a los amantes en una misma entidad, un mismo proyecto, una misma sustancia. El proceso de individualización ordena a hombres y mujeres realizarse plenamente. Hay que inventar entonces un amor que ya no sea romántico. La aporía de la fusión enfrentada a la exigencia de sí mismo lleva las parejas al malestar y finalmente a la separación. La crisis de la conyugalidad que el aumento de divorcios evidencia es consecuencia de esta doble exigencia. Vivir juntos y existir plenamente supone cambiar nuestros esquemas mentales, inventar nuevos códigos amorosos. Supone en primer lugar dejar de creer en la naturalidad de sus elementos románticos, en la posesión, la exclusividad, los celos, en la fidelidad sexual como pruebas de amor. Tenemos que aprender a vivir en pareja, pero sin separarse de los demás. Hay que descubrir los encantos de la polivalencia.

Tiene que ser posible vivir juntos con amor sin impedirse encontrar otras energías. El amor que tenemos no es una puerta cerrada para los otros. La convivencia se expresa compartiendo las pasiones comunes, pero hay muchos otros aspectos de la vida social por explorar. Se puede compartir sensualidad, seducción, ternura, emoción, compañerismo y muchas otras dimensiones que el romanticismo conservaba celosamente guardadas exclusivamente para los amantes hasta el punto de anegar el gusto.

Parece "normal" querer a todos nuestros hijos. El psicólogo tranquiliza a los padres inquietos: es normal quererlos a todos y sin embargo querer de forma diferente. Así, padre y madre no se culpabilizan de tener una inclinación específica por cada uno. Esto que parece lógico y legítimo en este ámbito, no lo es tanto en otros aspectos, especialmente en las relaciones amorosas. Sin embargo en ambos casos se trata de relaciones afectivas. ¿Por qué podemos dispersarnos y comprender el amor como multiplicador en un caso y no en el otro? Esta diferencia de tratamiento es sólo el resultado de un aprendizaje sentimental. Si confiamos en nuestra capacidad de amar podemos imaginar cómo conjugar todos los deseos. Es cierto que las relaciones múltiples no se llevan a cabo sin tensiones, pero la pareja aprende a compartir. Tras unos ajustes puede abrirse al exterior sin romperse. Porque el amor romántico está compuesto de ilusiones y quimeras, y el "amor confluente" (Anthony Giddens, 1995) conjuga la independencia respecto al otro y un afecto más sereno y duradero.

Lo que caracteriza a las nuevas formas de pareja es precisamente su pluralidad. El modelo único y exclusivo que la modernidad ha intentado imponer sin lograrlo deja paso a una diversidad de relaciones. Se permite amar de forma distinta, según las edades, los periodos de vida, los compañeros, los caracteres. El mito de la pareja cerrada sobre sí misma ya no hace soñar; al contrario, su carácter asfisiante queda más al descubierto. La fidelidad debe encontrar nuevas fronteras que no son necesariamente las del cuerpo.

Con una filosofía de apertura es sociológicamente probable que la pareja se haga más estable. No es ilógico presagiar que la explosión de separaciones y divorcios esté relacionada con el intento de vivir una fusión romántica. Alejándose de esta utopía irreal la pareja puede esperar un futuro más tranquilo.

La energía invertida en conocer a otros alimenta a la pareja y le permite reactivarse. La autonomía no conlleva división ni ruptura, sino por el contrario regeneración de los vínculos. Lo que caracteriza al modelo de pareja fisional es, dentro de su variedad, la posibilidad de recurrir a una vida separada.

El "Gran Amor autosuficiente" dispone aún de sus cartas de nobleza, desmitificarlo permite encontrar serenamente otras formas de compartir.

(Fragmentos extraídos del último capítulo del libro El Nuevo Arte de Amar: Por nuevos códigos amorosos)

Decir las cosas a la cara

Pero qué razón tiene El Bonico del to...



Las cosas joden a la cara, ¿a la espalda qué problema hay?

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Los años arrugan la piel, la falta de ilusiones el alma.
(Albert Schweitzer, médico y filósofo alemán)


Qué maldito invento...

Ganaré mientras todos se contagien con mi ser,
viviré con las manos abiertas, manos abiertas.
Tú serás el animal que vuela solo,
polizón de un corazón, pirata sin tesoro.
Y yo seré la eterna mariposa
que no se posa ni reposa en los tormentos de tu piel.

Volverán los tiempos del amor por desnudar,
mirarás con los ojos cerrados, ojos cerrados.
Todos son mendrugos de tristeza,
cuando en mis brazos de niño no siento tu inocencia.
Y todo es la parte de este cuento,
qué bendita libertad pero qué maldito invento...