Qué maldito invento...

Ganaré mientras todos se contagien con mi ser,
viviré con las manos abiertas, manos abiertas.
Tú serás el animal que vuela solo,
polizón de un corazón, pirata sin tesoro.
Y yo seré la eterna mariposa
que no se posa ni reposa en los tormentos de tu piel.

Volverán los tiempos del amor por desnudar,
mirarás con los ojos cerrados, ojos cerrados.
Todos son mendrugos de tristeza,
cuando en mis brazos de niño no siento tu inocencia.
Y todo es la parte de este cuento,
qué bendita libertad pero qué maldito invento...